Viajando con Cristina

Voluntariado en la Aldea Hare Krishna

Acabo el encuentro indígena Raíces de la tierra, pero aquel lugar me pareció tan maravilloso que tuve el deseo de quedarme allá de voluntaria. Y así hice.
Todos los del encuentro se marcharon, menos algunos indígenas y todos los hare krishnas.
Conocí unas brasileñas muy simpáticas con las que guardábamos mucha sintonia. Una de ellas me dijo, mañana a las 6 de la mañana te esperamos en el templo. Yo quise preguntar para que deia acudir a esa hora, pero ella se limito decirme que no preguntara y que viniera.
Me fui a dormir curiosa y me desperté antes de las 6 a tiempo para ir al templo. Cuando llegue habían varias personas, entre ellas, un viajero, varios hare krishnas, las brasileñas y un indígenas de la sierra nevada de Santa Marta, un aruhuaco.
No entendía muy bien que estaba haciendo allí pero sabia que era fruto de la causalidad.
Estábamos allí reunidos para hacer un desarme espiritual. Muchos os preguntareis que es eso, pero os explicare un poco mas sobre las palabras que nos compartió Luntana, el indígena.
Nos hablo sobre el sexo. Como se entendía a día de hoy el sexo en nuestras vidas y como de desvirtualizado estaba. El desgaste energético que se efectúa con el sexo y el retome con la autentica naturaleza del acto sexual. Me sorprendió mucho todo lo que nos dijo aquel día. El era un hombre casado con la naturaleza, había venido al mundo a proteger y luchar por la naturaleza y usaba el celibato para la conservación de la energía para la lucha por la madre tierra. En nuestro caso no nos predicaba el celibato pero si el entendimiento del sexo como algo sagrado y no como es usado en los días de hoy.
El desarme espiritual, es una ceremonia para confirmar esa filosofía. Es una ceremonia bastante fuerte, que mueve mucho las emociones y la conciencia. Las brasileñas y yo no estuvimos preparadas para hacerlo en aquel momento, así que Luntana nos pidió 7 meses de celibato y que guardáramos nuestra luna en un potecito para de aquí a 7 meses hacer la ceremonia en la sierra nevada de Santa Marta. Y que consiguiéramos una piedra obsidiana para poder trabajar la limpieza para el día de la ceremonia. Y, asi prometimos las tres, y nos fuimos al río a hacer nuestra propia ceremonia. Hablamos, compartimos pensamientos e historias y luego nos dimos un baño en las aguas heladas del río, cantando y purificando nuestra cuerpo de mujer que es un templo sagrado que hay que cuidar, dejando entrar solo al que se lo haga valer, al que lo vaya a dar valor y respetar haciéndolo crecer con amor y pasión.
Después de este día me esperaban unos maravillosos días de voluntariado, trabajando en la cocina haciendolo siempre comida vegetariana, trabajando en el huerto, haciendo yoga, mandalas, ojos de dios, haciendo meditaciones, aprendiendo sobre las escrituras vedicas, compartiendo con los Hare Krishnas, descubriendo rincones en la naturaleza…

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