Viajando con Cristina

Últimos días en la selva

Ya llevaba casi un mes en la selva, viviendo y sintiendo las tierras indígenas en mi piel.

Hacia unos meses, recibí noticias de mi madre, ella y mi hermano vendrían a visitarme, solo que no vendrían a Brasil, sino que nuestro punto de encuentro sería Perú. Faltaba tan solo un mes para su llegada y yo estaba perdida en las profundidades de la selva a muchos kilómetros de Perú, todavía tenia que cruzar toda Bolivia… Así que tendría que empezar a mirar como salir de allá.

Hablé con la familia y me dijeron que en unos días se celebraría otra ceremonia de Kwarupe, esta vez mucho más grande y abierta al exterior, los blancos también podían ir a ver la ceremonia, así que sería más fácil conseguir un barco, o un coche de salida de la selva o incluso hacer aviónstop.

La ceremonia se celebraría lejos de nuestro pueblo, deberíamos tomar un barco y luego un camión hasta el pueblo.

Tres días antes de la ceremonia llegaron más blancos a nuestro pueblo, brasileños del ministerio de cultura, y también brasileños relacionados con el mundo indígena. Uno de los motivos de estar allí era para estrechar relaciones con los indígenas y para conseguir hacer la ceremonia del Kwarupe patrimonio de la humanidad.

Cuando llegó el día de la ceremonia todos los de nuestro poblado fuimos todos juntos para asistir a la otra ceremonia. Pocos se quedaron en sus casas…

Hay dos tipos de invitados a la ceremonia. Los que son invitados para participar el gran día de la ceremonia, y los invitados para ayudar a la preparación de la misma. De esta vez nosotros eramos invitados venidos a ayudar. La ayuda consistía tanto en la comida, conseguir pescado para tantas personas, la preparación del lugar, y sobretodo la preparación de los troncos, buscar el tronco, cortarlo, transportarlo, decorarlo, etc… No era un trabajo fácil, normalmente duraba dos o tres días hasta estar preparados para la ceremonia final.

Tronco Kwarupe

Había mucha gente, mucha mucha gente, todos trabajando unidos para un propósito común. Yo estaba encantada pudiendo ver todo… como transportaban el árbol entre tantos hombres, como se arreglaban y pintaban, como traían pescados enormes para alimentar a tanta gente… Nadie se quedaba sin hacer nada.

Decorando Tronco Kwarupe

Una tarde fui a la laguna a nadar para la puesta de sol, el lugar era hermoso, parecía una imagen de pelicula, la laguna tenia unas palmeras al fondo… Había que tener cuidado no acercarse a las plantas, ya había estado avisada que había mucha anaconda por allí. Pero donde se bañaban ellos estaba tranquilo, o eso decían ellos.

Palmeras Xingú

Al regresar al poblado, recibí una mala noticia, Piracuman, el cacique de nuestro poblado cayó enfermo. Había tenido muy buenas conversaciones con el, una persona valiente, protectora de la naturaleza, y luchadora por los derechos de los indígenas. Un gran hombre. Me puse triste de saber que estaba enfermo… Nadie sabía muy bien que le había pasado, solo sabíamos que estaba en una reunión y enfermó en medio de ella.

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Una avioneta llegó para llevar a Piracuman a la ciudad para asistirlo en el hospital… Algunos decían que estaba muertos, otros que lo curarían en el hospital, todo era muy incierto. Había una radio en el pueblo en la cual seguíamos comunicados para saber el estado del cacique.

De repente la noticia llegó: Piracuman ha muerto. Como jefe de nuestro poblado, fue una de las peores noticias que podían acontecer en los días previos a la ceremonia. En cuestión de menos de una hora, todos los Yawalapitis de nuestro poblado, recogieron todas sus cosas y regresaron para casa. Hubo un momento de mucha tensión, todo era un caos, Piracuman había muerto, lo que más quería en ese momento era dar apoyo a la familia y acompañar a todos de vuelta para el poblado. Pero volver al poblado significaba alejarse cada vez más de mi salida de la selva. Allá donde estaba podía tener la oportunidad de salir de la selva, pero si regresaba no sabía que iba a pasar. Aunque fue una decisión difícil, decidí quedarme. Todos se fueron, quedó un gran vacío.

Algo en lo que no había pensado antes, era en el tema de la comida, nosotros también traíamos mucha comida para mantener a todo nuestro poblado, pero todos se fueron y ahora no me quedaba nada así que debería arreglarme las.

Cayó la noche, y como de costumbre, me levanté temprano para ir a ver el amanecer, del agua salia vapor por el contraste de temperaturas, los colores eran rojizos, era una imagen bella.

Salida del sol Koikuru

El regresar de mi baño escuche voces por el pueblo hablando de un leopardo. Había un leopardo en el poblado. No podía creerlo. Fui corriendo a coger mi cámara y ver que pasaba. Un indígenas había encontrado un leopardo en la selva cuando fue a pescar y lo trajo al poblado como si fuera una mascota. Atado con una cuerda al cuello. Era muy pequeño, pero tan feroz. Se le sentía con miedo y enfadado por estar todos rodeándolo y jugando con el. No podía creer que se lo fueran a quedar como mascota… Me contaron que hacia unos años, cogieron un leopardo bebe y lo criaron hasta que se hizo grande. Un día saltó al brazo de una mujer que estaba comiendo pescado, lo tuvieron que sacrificar, se dieron cuenta que un leopardo era un animal peligroso para tenerlo en casa. Pero como siempre el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, y de nuevo se repetía la situación.

Leopardo

Empezaron a llegar avionetas y carros con blancos y turistas. Ellos habían pagado una muy buena cantidad de dinero para el organizador de la ceremonia para poder asistir. Por un momento aquello parecía un circo. Cada vez más y más blancos, a cada casa que entraba los indígenas habían montado todas sus artesanías colgadas de unas cuerdas, aquella ceremonia empezaba a desvirtualizar su origen del culto a los muertos, para convertirse en un negocio cultural. Entré en mucho debate conmigo misma, incluso se me quitaron las ganas de hacer fotografías, preferí simplemente observar todo lo que pasaba a mi alrededor. Por una vez pensé ‘ No hay mal que por bien no venga’… La verdad yo quería salir de la selva y cuantos más carros y aviones hubiera más facilidades tendría de conseguir transporte…

Un pensamiento sobre “Últimos días en la selva

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