Viajando con Cristina

Parque del Xingú

Después de tantas horas navegando por el río camino al nunca jamás, llegamos a algún lugar. No podía creer como mi amigo podía saber el camino hasta la aldea en ese inmenso rio, a veces se bifurcaba, había afluentes, había miles de caminos para escoger. Como sabia si tenia que ir para la derecha o para la izquierda, parecía todo igual. Todo los mismos arboles y el mismo rio. Me imagino, el era indígena, nació allá consigue distinguir cada árbol como único y cada afluente como diferentes calles de su carretera. Sería posible que el llegara a la ciudad y viera todos los edificios iguales, y perderse entre las calles. Aún así no dejaba de admirarme y sorprenderme.

Finalmente, sin saber como, habíamos llegado al poblado Yawalapiti. Los Yawalapiti son una étnia dentro de todos los grupos étnicos del Xingú, ya quedan muy pocos que sean puros Yawalapitis, la población indígena disminuyó mucho y ya empezaban a quedar tan pocos que se fueron mezclando con etnias vecinas.

A pesar de la gran disminución de comunidades y pueblos indígenas, debemos dar gracias a que todavía queden estas maravillosas personas que cuidan de la selva y la naturaleza para que el mundo siga respirando. El proyecto del Parque de Xingú fue de gran ayuda para ello. Unos hermanos años atrás consiguieron delimitar el Parque del Xingú en la época que los señores de las haciendas estaban arrasando con la selva, creando así unos límites marcados para poder proteger a los indígenas. Todas esas tierras a día de hoy están en manos de los indigenas. Son de ellos y para ellos para que sean los guardianes del pulmón de la madre tierra.

Al llegar a nuestro destino final, nos encontramos con el pueblo, era una aldea bien pequeña, allá se concentraban todos los Yawalapitis de la selva, quizás habría no más de 16 casas, dispuestas de forma circular, con una casa en el medio, la casa de los hombres, allá se reunían todos los hombres para hacer sus reuniones.

Aldea Yawalapiti

Al llegar encontramos un tractor a orillas del rio, asombroso que hacia un tractor por allá. Más tarde descubrimos que era el transporte para los habitantes del pueblo entre la aldea y el pequeño puesto de socorro. Aprovechamos y sin saber a que distancia nos dirigíamos, cargamos todas las cosas en el tractor para que nos acercara hasta la casa. Todos los familiares vinieron a recibirnos para darnos la bienvenida y ayudarnos a descargar todas las cosas que traíamos. Habían adultos, niños, abuelos, estaban todos allí, felices de ver a su familiar y curiosos con las nuevas visitas.

La casa era toda de materiales orgánicos, pero era enorme, era una casa altísima, de unos 16metros de altura y como 32 metros de ancho. La construcción era bien peculiar, con 4 pilares principales y el techo hasta el suelo cubierto de paja. Dentro vivían 3 o 4 familiar todas juntas compartiendo el fuego en el medio de la casa. En nuestra casa vívian los abuelos, Barriga y Iñapi, con sus 4 hijos, cada uno con sus respectivas mujeres e hijos, menos la única hija que era separada y vivia sola con su hijo. Eramos más de 16 personas conviviendo bajo el mismo techo, durmiendo en una casa enorme pero sin habitaciones ni divisiones. Todos juntos como una gran familia. Colgamos nuestras hamacas y nos sentamos un tiempo a conversar y compartir con las personas de la familia.

Ocas Yawalapitis

Para cenar nos invitaron a un poco de Tapioca (masa hecha con la harina de la Yuca) y un poco de pescado a la brasa.

Y con la barriga llena, nos acostamos en las hamacas dispuestos a dormir, esperando un nuevo día.

Un pensamiento sobre “Parque del Xingú

  1. gloria monrals

    Cuantas experiencias. ¿En que idioma te entendias con las etnias de la selva?. Es maravilloso llegar a un lugar donde nadie te conoce y que te sientas como una mas de esa familia. Felicidades.

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