Viajando con Cristina

Las “Iaias” de Catalunya me roban el corazón

Las “Iaias” de Catalunya me roban el corazón

A la mañana siguiente nos esperaban nuevos pueblos y más historias de Iaias de l’Empordà.  Fuimos a otro pueblo, a una pequeña casa decorada con gran encanto y amor, en la que vivían la”mare” i la “iaia” y en el jardín en una caravana llena de colores un de las hijas con su novio francés. Cogimos un tambor y una carreta llena de tierra y nos fuimos para el huerto donde estaban preparando una cama en forma de “U” con técnicas de permacultura. Ayudamos a quitar raíces, cavar un canal alrededor de la cama y sacar hiervas con la “fals” una herramienta muy tradicional catalana nombrada en el himno nacional.

Al acabar hicimos unos cánticos llamando a la tierra para hacer crecer todo tipo de alimentos, vegetales  y árboles frutales.  Al regresar a la casa, cansados y hambrientos la “iaia” nos tenia preparados un plato caliente para todos.  “Mongets”, una variedad de judía, con patata y croquetas de queso. Aunque no nos esperaban a comer como buena familia humilde de buen corazón compartieron sus alimentos entre todos.  La “iaia”, una mujer llena de energía, a sus 86 años trabajando en el huerto, cocinando y siempre con una gran sonrisa acompañada de una mirada pura y transparente. La “Iaia” es una fuente de sabiduría, conocimiento y experiencia, y en ese momento sentí ese gran respeto por los tesoros olvidados de la ciudad a los que se les abandonan en una residencia.

Al acabar de comer nos recogimos todos alrededor de la hoguera, hablando y compartiendo y acompañando con calor a nuestra digestión antes de marchar.

Regresamos a casa y salimos caminando desde el pueblo para ver la puesta de sol desde un lugar especial para Alba. Una gran Masia abandonada a las afueras del pueblo.

Caminamos, Alba y más amigos del pueblo, cruzando campos, siguiendo la carretera y aventurándonos por caminos de tierra… Por el camino comimos una pequeña flor blanca de sabor picante parecido a la mostaza, comimos “garrofa”, unas vainas de un árbol que se puede hacer harina o usar como sustituto del chocolate… Comimos también unas bolitas rojas, fáciles de confundir por unas tóxicas, con las que se hace el aceite de rosa de mosqueta. Dentro con muchas pepitas y unos pelos que se pinchan en la lengua y en el paladar, esta fruta es de alto contenido en vitamina C, mucho más que la naranja y el limón.

El sol empezaba a acercarse a las montañas, los colores cada vez más rojizos  la luna empezaba a coger fuerza en su brillar… Al llegar una gran Masia bajo nuestros pies, tapada por plantas, ramas y arbustos. Vacias, abandonada, dejada en manos de la naturaleza… Laura, que nos acompañaba había vivido 8 años de su vida allà, compartió sus recuerdos con nosotras, llenando de vida aquellas paredes vacias. El horno donde se hacia el pan, donde aprendió a andar en bicicleta, donde plantaron regaliz… Recuerdos… Y sueños… El sueño de Alba de dar vida a aquel lugar de nuevo. Nuestras palabras fueron escuchadas por la luna creciente, venus, el atardecer y cada piedra de aquella masia. Una semilla, plantada en aquel lugar en forma de sueño… Si la lluvia o nuestras manos y corazones la riegan un día brotará.

Al día siguiente un nuevo camino me espera. Gracias a las causalidades de la vida Quim me acompaña hasta figueres donde me encontraría con Sandra, una grande amiga de hace años, con la que nos dirigimos a Port de la Selva. En busca de encuentros con la naturaleza, es cuchar la voz de la tramuntana y sentir la vida de un pequeño pueblo pesquero de l’Alt empordà.

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