Viajando con Cristina

Descubriendo el interior de l’Alt Empordà, Catalunya.

Descubriendo el interior de l’Alt Empordà, Catalunya.

La aventura continúa y me dispongo a ir a un pequeño pueblo de” l’Alt Empordà” llamado “Llers”. Esta cerca de Figueres donde me espera mi amiga Alba, una autentica “Bruixa de Llers”, con alma y corazón de “trementinaire”. Les “trementinaires” eran las antiguas mujeres curanderas y sanadoras con grandes conocimientos de plantas medicinales. Pelegrinaban durante meses en las montañas buscando sus hierbas curativas.

Al llegar a casa de Alba nos esperaba despierta la “Iaia” Pepita, una mujer formidable, llena de energía y conocimiento. Compartimos la noche escuchando sus historias… Nos contó sobre Árnica, una planta desinflamatoria que solo se encuentra en alta montaña. Cuando su marido iba en Agosto a la montaña ella siempre le pedía Árnica para preparar en casa sus cremas curativas.  Nos contó algunas historias antiguas de Llers y sus castillos, de la época de la guerra…

 

Por la mañana amanece un sol dorado que sale encima de unas pequeñas montañas en el horizonte. Alba recoge unas ropas que había dejado fuera toda la noche. La Iaia le contó que es como una lavadora natural que la lava la ropa con el Sereno. Claro que no quita las manchas pero si ayuda con los olores y airea las ropas.

En la “Aixida”, como llaman a la terraza en el “Alt Empordà” nos ponemos a hacer yoga, unos mantras, salutación al sol, algo de Prana Yama, una meditación y leemos frases de culturas ancestrales para inspirarnos para el día que empieza. ¿Y quien no empieza bien el día así?

A pesar del frio de invierno el sol calienta  nuestros cuerpos mientras desayunamos en la “aixida”.

Más tarde Alba me deja en un bosque de los alrededores de Llers, los paisajes del bosque, la explanada y las montañas de fondo eran un espectáculo. Melodía para mis ojos. Caminando y caminando, vi una montañita de piedras que me tentaba a subir. Subí en lo más alto y aproveché para meditar y reflexionar sobre este cambio de año, hacer un repaso hacia atrás de todo el 2016, lo vivido y lo aprendido y como quería encarar este 2017. Después de la gran introspección dentro de mí me puse a cantar con mi guitarra. Las notas empujaban las horas hasta que me di cuenta que el sol quería llegar al horizonte.  Al bajar la montaña de piedras descubrí que a lo que me había subido no era una montaña sino un refugio de piedra, lo que más tarde me descubrí que eran las cabañas de los pastores. Y poco a poco, sin prisa pero sin pausa regresé a Llers guiada por el campanario que se veía desde lo lejos.

Al atardecer fuimos a otro pueblo de la zona, cerca de Rebentós, nos metimos por camino de tierra hasta ver unas señales de humo, donde nos encontraríamos a unas amigas de Alba con su familia quemando Estepa en un campo de Oliveres. La estepa es una planta bonita, pero algo invasiva, y debíamos quitarla para dejar respirar a las Oliveres y dar fruto con fuerza.

Ayudamos a  arrancar la “bueneza” y quemarla en una hoguera, sus llamas se encontraban con las estrellas. Sin darnos cuenta anocheció con el filo de la luna creciente despidiendo el día acompañada de Venus.

Nos sentamos todos alrededor del fuego donde la “Baba” (así le dicen en el baix empordà a la Abuela), empezó a contar sus tradiciones más ancestrales, a día de hoy ya no practicadas. Inspirada por las brasas del fuego de la Estepa, empezó a recordar su infancia… Cuando ella era niño no exsistia, el gas, cocinaban con carbón. El carbón era hecho con la “Rebasa del Bruc”, las raíces de un árbol al que enterraban bajo la tierra y hacían fuego encima durante una semana.  Después de la semana, debajo de la montaña de arena el Bruc se había convertido en carbón gracias a la combustión. Las mujeres eran las encargadas de ser guardianas del fuego, y se iban al monte durante una semana para conseguir carbón para sus casas.

Entre historias y cantos nos quedamos en silencio hipnotizados por un mar de brasas que brillaba con vida propia. La Duna, la nieta de Baba había vivido en México unos años y nos explicó como ella había caminado descalza sobre las brasas controlando la respiración. Pero antes de llegar a tocar el coraje para hacerlo, empezamos a tapar el fuego para regresar a casa. Lo tapamos con tierra hasta que no quedaba ningún brillo al descubierto. Empezó a salir un humo que a Baba le recordó de nuevo el proceso del carbón, y en la oscuridad de la noche regresamos para casa.

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