Viajando con Cristina

Ceremonia de Kwarupe

Llegó el día. Hoy era el día de la ceremonia. Toda la familia se preparaba para ir a la ceremonia. La ceremonia duraría toda la noche y toda la mañana del día siguiente, así que debíamos llevar todo lo necesario.

Preparé mi hamaca, ropa de abrigo para la noche, y revisé mi cámara para que todo estuviera en orden. No había cargado la batería porque confiaba que mi batería de repuesto estuviera llena. Por casualidad fui a reconfirmar y me dí cuenta que mis dos baterías de la cámara estaban descargadas. Solo faltaba una hora para salir, demasiado tarde para cargar. No había vuelta atrás. Sentí mucha decepción en mi misma de no haber hecho eso antes, siempre haciendo las cosas a última hora, y no haber previsto algo tan simple y fácil como eso para un día tan importante y especial como esa ceremonia, una oportunidad quizás única en la vida. Pero no pensé mucho más, ya no había nada que hacer, así que para que preocuparse. Como dicen, si un problema tiene solución, no te preocupes, y si un problema no tiene solución, también no te preocupes.

Así, toda la familia, hombres, mujeres y niños, cargados con mochilas, bolsas y con todo lo que pudieran, una mujer llevaba una olla gigante llena de cosas dentro, cualquier cosa que sirviera para trasportar todo lo que necesitábamos para una noche fuera de nuestra aldea. Subimos todos en la barca, hasta llevábamos 2 bicicletas, nos dirigimos por el rio hasta el pueblo Kalapala, siguiendo las señales de humo, intencionadas o no, servían para guiarnos. Al bajar de la barca nos espera 1h de caminata entre lindos paisajes a la luz del atardecer. Todos cargados, con gente de todas las edades. Por el camino, cada vez eramos mas y mas gente. Después de caminar y caminar, cuando el sol casi reposaba en el horizonte, los arboles no podían estar más rojizos… llegamos al poblado, las casas del mismo tipo de construcción con el tejado de paja hasta al suelo y distribuidas del mismo modo que nuestra aldea.

No llegamos a entrar en el poblado, solo lo vimos de lejos y nos adentramos en el mato, después de unos 20metros, paramos en medio de la mata, eramos unas 60 personas aproximadamente, de repente en cuestión de 5min, todo el campamento estaba montado. Todo el mundo desplegó sus hamacas y colocadas cruzadas unas entre las otras entre unos 15 arboles que habrían en esa pequeña área de no más de 30m. Fue un momento increíble, yo me quedé sin palabras y no conseguí montar mi red hasta después de unos minutos, después de conseguir cerrar mi boca de boquiabierta. Ahí intenté atar mi hamaca en un árbol que ya tenia más de 3 hamacas amarradas del mismo. Uno de los caciques de nuestra aldea me ayudó a atar la red con una técnica simple y supereficiente. De ahí sacaron el biju, la tapioca, el pescado, y el mingao hecho con la fruta de piquí y yuca. El mingao de dispone en un tarro grande y cada persona que pasa por ahí la bebe con un unico cuenco compartido hecho de cascara de calabaza.

campamento kalapalo

Después me senté a conversar con Piracuman, el cacique de nuestra aldea, un hombre de admirar, luchador por su pueblo y por la naturaleza. Los indígenas tienen una gran lucha con sus tierras, entre los hacenderos y ellos. Los señores de las haciendas cada vez cogen más terrenos indígenas de la selva, desforestan y plantan soja, maíz y otros cultivos transgénicos. Piracuman continuo contando las veces que fue a Europa para charlas de medioambiente, las veces que fue al parlamento en brasilia para luchar por sus tierras y por su pueblo. El parlamento entero se puso en contra de ellos con el argumento de “ Mucha tierra para poco indígena”. Allí le concedieron 10min para poder defender sus derechos. El nos explicaba todo lo que dijo aquel día en el parlamenteo y realmente, cuando escuchaba sus palabras, solo sentía agradecimiento en lo más profundo de mi corazón. Cuando acabó de hablar solo conseguí decirle: Gracias por existir y luchar porque el mundo todavía pueda respirar un poco. Realmente no somos conscientes de cuanta naturaleza hemos consumido de este lindo planeta.

Entre todo, la ceremonia comenzó, las mujeres no podían ir, pero decidí acercarme un poco de lejos para ver que hacían, cánticos y danzas en el centro del poblado, y cada grupo que salia volvía con fuego hacia su campamento. No entendía nada, pero todo era hermoso. Me senté a conversar con un joven de otra etnia, del grupo Kamayurá, era dulce, educado, humilde… tenia paz en el corazón. Toda curiosa, le pregunté que es lo que le gustaba más de vivir aquí. Con toda la seguridad me respondió, la libertad que siento aquí. Me dijo que cuando iba a la ciudad no sentía libertad. Me sentí muy identificada con ello.

En un momento de la noche, mientras se disponían ante mis ojos momentos tan hermosos, en lugares increíbles con historias increíbles, y comencé a pensar en mi cámara, las dos baterías con solo un palito de carga, daría quizás para unas 30 fotografías? Ni sabia… Pero entonces empecé a pensar. Antes teníamos un carrete de 36 fotografías, y no había más, porque ahora debía preocuparme por tener batería solo para 30 fotos. Así que comencé a imaginarme que tenia solo un carrete y debía saber elegir muy bien el momento para usarlas, sentir la imagen, colocar mi ojo en el visor y observar antes de hacer el clic sin más. Y cada clic de esa noche ser mágico y bonito. El mes anterior tuve muchos problemas porque mi disco duro estaba lleno y no tenia donde guardar mis fotografías así que vi de mi problema una oportunidad. Haré menos fotografías, más buenas y luego no tendré trabajo para editar y problemas con el espacio para guardar las imágenes. Al final todo eran ventajas. Así que me puse muy feliz.

La ceremonia continuo, escuchábamos cánticos de lejos, aunque toda curiosa por respeto me fui para el campamento, en el camino encontré a unos jóvenes de otra etnia que conocí días atrás en el rio, ellos me dijeron que podía ir a ver la ceremonia de cerca, que no pasaba nada. Así que acompañada por ellos, decidí ir. Cuando llegué conocí una antropóloga brasileña que me explico un poco sobre el ritual. Kwarupe, es la ceremonia de los muertos, se realiza en los poblados donde durante ese año o años pasados ha habido fallecimientos, en el momento que las familias sienten que ya es momento de dejar el luto se presentan para participar en el Kwarupe.

kwarupe troncos

Durante 4 días se preparan para el gran día, pintan y ornamentan un tronco, este simboliza la persona que murió. Durante la ceremonia están los troncos en el medio de la plaza y cada familiar al rededor llorando y llorando hasta el amanecer. Cuando llegué me gustó mucho la idea, pensé que es una ceremonia muy bonita y que me hubiera gustado tener una ceremonia así en mi vida para poder quitar el luto que hasta día de hoy en días tristes me acompaña. De ahí decidí preguntar a un indígena que a cual tronco podía ir yo a llorar, el me explicó que no podía ir porque cada tronco simbolizaba una persona. Toda triste de no poder unirme y aprovechar la oportunidad de una ceremonia tan bonita, comencé a buscar pedazos de madera por el suelo, cada pedazo simbolizando una persona de mi familia. Entré en la vibración de los llantos, y en pocos minutos me dieron ganas de llorar, con mis pedacitos de madera en la mano me calleron las primeras lagrimas, todo el sufrimiento de perder a los queridos.

De repente dos hombres de uno de los grupos étnicos vinieron a presentar unos cánticos para dar apoyo a todos los que estábamos llorando, al primer momento pensé, ai! Ahora que estaba llorando tan a gusto tiene que venir este a interrumpir mi llanto… todo el mundo dejó de llorar… los cánticos y el sonido de las maracas comenzó a envolverme, parecía que cada latido de la maraca abrían mis chakras y todas las tensiones acumuladas salían de mi cuerpo… Era como una limpieza. Después se retiraron y todo el mundo siguió llorando y llorando hasta las 5 de la mañana.

Al día siguiente por la mañana se realizarían unas luchas en el centro del pueblo, donde los hombres luchan entre clanes, incluso los más jóvenes, hasta los niños.
luchas kwarupe

Y para terminar la ceremonia, más tarde se tiran los troncos al rio. El tronco se iría con el luto, la pena, los llantos, la tristeza… ya nunca más podría llorar a la persona querida, solo recordarla con los momentos buenos.

Me pareció una ceremonia hermosa, y fue una experiencia única poder no solo estar presente sino vivir la y experimentarla desde mi propia persona. Limpiadora, liberalizadora y con un simbolismo bello, para que no se viva con cargas, donde se trabaja el desapego, donde después de todo la pena se la lleva el fluir del rio y lo que queda ya solo son buenos recuerdos.

Después de la ceremonia cada etnia invitada regresaba a sus aldeas… así que volvimos para casa.

regreso a casa

 

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