Viajando con Cristina

Brasil

Brasil. Ya llegué, y ahora, ¿Hacia dónde voy?

Llegué a Brasil, a Rio de Janeiro. Antes de salir de mi viaje no tenia ni idea en que puerto llegaría, ni en que ciudad, y no solo eso, ni si quiera en que país. Pero, para mi eso no era un problema, eso era la verdadera magia del viaje.

No tener todo bajo control, los días programados, sin dejar espacio a la improvisación, enganchandonos a las rutinas. Eso no es para mi. Mi corazón me pide dejar que la vida fluya, que el viento sea quien empuje las velas llevándome a algún lugar sin oponer resistencia, que las intuiciones nazcan, que cada día sea un día nuevo…  Y así hice desde que empecé mi viaje, dejándome llevar.

Empecé a viajar por el estado de río de Janeiro, todo era nuevo para mi, una cultura nueva, la moneda nueva, incluso el portugués era diferente… Así que había que abrir la mente y aprender y reaprender cada día algo nuevo.

Dejándome llevar por el camino llegué a una eco-aldea, Oasis Mundo, situada en la mata atlántica, cerca de Paraty, Llegué pensando que me quedaría un par de noches, y sin saberlo un día conté los días y me di cuentas que ya habían pasado dos meses.

Oasis Mundo

Eramos unas 15 personas en la aldea, entre residentes y los viajeros que por la causalidad algo nos trajo allí. El ambiente era muy bueno, con muy buena energía. Dormía al lado de una cascada, el correr del agua era la nana que me hacia adormecer cada noche. Por la mañana los pájaros eran mi despertador. Al levantarme lavaba mi cara en el río, y al poco ya sonaba la caracola, el llamado de la caracola anunciaba que el desayuno ya estaba preparado. Eso si no era yo misma que me había despertado temprano para prepararlo ya que siempre nos turnábamos las tareas. Después del desayuno empezaban las tareas, los dividíamos en grupos para realizar las tareas de la comunidad. Bioconstrucción, permacultura, artes, gastronomía creativa, etc. El trabajo era muy agradecido porque todos trabajábamos con muy buenas energías y cada día aprendíamos cosas nuevas.

Trabajo en equipo

Después del trabajo, un rico almuerzo y por la tarde era un espacio para compartir conocimientos entre nosotros. Quien supiera de Yoga, masajes, artesanías, música, malabares, artes… Un momento para compartir entre todos, aprender unos de los otros, descubrirnos y exprimir todo lo que llevamos dentro. Sin necesidad de televisión, Internet, no necesitábamos nada más que a nosotros mismos.

El voluntariado en eco-aldeas siempre es un buen recurso para viajar. A veces ofrecen alojamiento y comida a cambio del trabajo, o alguna pequeña contribución. Es una buena forma de gastar poco intercambiando tu tiempo, y sobretodo ganando muy buenas experiencias y conocimientos.

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Los días en esa comunidad fueron mágicos e inolvidables… Pero mi viaje acababa de empezar y no podía engancharme de nuevo en un solo lugar, salí para recorrer el mundo, y sabia que habían muchas aventuras que me esperaban, debía continuar.

 

 

 

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