Viajando con Cristina

Amaneciendo en la aldea

La noche había sido muy fría, ahora entendí porque cada uno de ellos se hacían un pequeño fuego al los pies de su hamaca, además de porque ellos no tenían mantas y dormían semi-desnudos, la noche era muy fría, algo que no esperaba con el calor que pasé durante el día.

Hamaca

A las 5 de la mañana, los gallos ya empezaron a cantar, abrí un ojo y vi que todos seguían durmiendo. Me decidí salir hacia al rio a esperar ver salir el sol. A pesar que me habían avisado que había leopardos, creí más ser una historia del hombre del saco para que no me alejara mucho. Así que salí igualmente para el rio. Habían miles de estrellas sobre el cielo, me senté encima de un barco abandonado y me puse a meditar mientras observaba la belleza de la naturaleza. Las estrellas se reflejaban en el rio,el agua desprendía un vapor por el contraste del frio del ambiente y el calor del agua calentada durante todo el día… Poco a poco el cielo iba cambiando de color, del negro empezaban a aparecer los tonos rojizos haciendo desaparecer de una a una todas las estrellas del cielo. El primer rallo de sol iluminó mi cara, me sentí muy feliz de estar en aquel lugar.

Amanecer en el rio

A pesar del frio, me quité toda mi ropa y me dí un baño en el rio, el agua estaba caliente, la felicidad corría por mis venas, la calma, la paz, la naturaleza, todo era perfecto. No me quedé mucho tiempo en el rio, aunque me habían avisado que los cocodrilos nunca llegaban hasta esas orillas, me había pasado todo el día viendo cocodrilos por el camino y era difícil para mi creer que ellos no se acercaban hasta allá. Me sequé, me puse mi ropa y volví a la casa… Los rayos de sol llegaban a la puerta de la casa, el día había amanecido y toda la familia ya estaba despierta, las mujeres asando pescado y haciendo tapioca, los niños jugando y riendo, los hombres desperezándose… El día ya había empezado.

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Había ido decidida a ir a la selva a compartir con los Yawalapitis y aprender de su cultura ganando en experiencia y conocimiento. Así que me decidí en poner todas mis energías en aprovechar al máximo mis días allá, levantarme temprano, dormir tarde si fuera necesario, acompañarlos en las tareas, ayudarles, compartir, etc. Incluso aprender su lengua, aunque no sabia que sería tan difícil y no por la gramática.

Empecé a aprender la lengua Yawalapiti con el abuelito de la casa, el sr.Barriga, aprendía cuatro palabras y me disponía a aprenderlas con el resto del grupo. Cuando empezaba a usarlas me daba cuenta que nadie me entendía. Tardé unos días en darme cuenta que nadie hablaba ya la lengua Yawalapiti porque todos habían sido juntados y casados con otras etnias haciendo así que su propia lengua estuviera en peligro inminente de extinción. En aquel poblado solo quedaban 4 Yawalapitis puros, todos mayores de 45 años… Empezaba a ser consciente de la importancia de estar en aquel lugar, al mismo tiempo preguntándome a mi misma cuantos lugares del mundo están en la misma situación, extinguiéndose etnias y culturas del mundo sin antes ser conocidas ni registradas por el mundo.

Cada momento era único, y todo nuevo para mi. De repente me vinieron a buscar por si quería ir al huerto a buscar Yuca con las mujeres. Salimos con la barca, íbamos hombres y mujeres, los hombres nos dejarían en huerto y ellos se irían a pescar, y unas horas más tardes nos vendrían a buscar para volver todos juntos.

Huerto de yuca

Había una gran plantación de yuca, el huerto era básicamente,de yuca, bueno únicamente de yuca. La yuca era la base de la alimentación de los indígenas en la selva.

yuca mandiocaCuando vivía en Mozambique ya había visto plantaciones de yuca, no era algo nuevo para mi, allá también era la base del consumo de la comunidad local, pero nunca había ido con las mujeres a recolectarlo. Fue bien gracioso para mi haber vivido durante 4 años tan cerca de plantaciones de Yuca y tener que llegar tan lejos, perdida en la selva para hacer algo que tenia al lado de casa. Pero ahí estaba, no debía mirar atrás, sino aprender de los errores, y aprovechar el día a día, aprovechar el hoy, y sobre todo aprovechar el ahora, el momento presente.

Las mujeres empezaron a enseñarme, y muy rápido empecé a recolectar Yuca. La yuca es una raiz, así escarbábamos en la tierra destapando cada yuca para facilitar la salida, y más tarde del tronco principal estirábamos con fuerza para sacarlas todas de una. Salian casi unas 10 yucas de cada planta, algunas eran enormes. Así las ibamos amontonando para colocarlas en unos grandes recipientes metálicos que servirían más tarde para transportarlas en nuestras cabezas.

mandioca

Durante todo el mes que estuve en la selva, casi cada día ibamos al huerto a recolectar yuca, era una de las principales actividades de las mujeres, y una de las partes del proceso para conseguir el alimento. Cada día que íbamos era diferente, algunos más livianos y otros muy duros. Uno de los días recuerdo que hacia mucho calor, un calor pegajoso e insoportable. Estaba toda sudada y el polvo que levantábamos al escarbar se me pegaba en el cuerpo, en aquella zona debía haber un panal de abejas, aquel día con el sudor se me empezaron a pegar las abejas al cuerpo, se metian por la nariz, en la boca, por la cara y por todo el cuerpo… Conseguía expulsarlas de mis brazos y piernas… pero llegó un momento que sentía mucho cosquilleo por la espalda, le pregunté a mi amiga si tenia alguna abeja en la espalda si me la podía sacar, y ella me respondió que no tenia una, tenia millones de ellas. Eran momentos en los que había que trabajar el poder de la mente, respirar hondo, relajarse y pensar que yo solo estaba allí por un tiempo, pero aquellas mujeres vivían en esa realidad, hacían eso todos los días y aguantaban porque tenían que comer. Así que me focalizaba en ese pensamiento y empezaba a no sentir más molestias e incomodidad y seguía trabajando mirando solo para frente. Pero lo peor no había pasado, todavía había que colocar todas las yucas en el recipiente y transportarlas en la cabeza. Los recipientes eran tan pesado que no los podía levantar yo sola. Me coloqué un colchoncito de tela en forma de donut en la cabeza, y entre dos mujeres me subieron el recipiente de yucas en la cabeza. Era tan pesado que pensé que me iba a hundir en la tierra y mi cuello se partiría en dos. Pero de nuevo respiré hondo, coloqué mis manos en el recipiente para ayudarme con el peso y empecé a caminar. Aquello pesaría unos 40km. Fue un momento muy duro pero lo conseguí. Cuando quise mirar atrás ellas estaban cargando con un recipiente todavía más lleno de yucas que el mio y con un bebe en brazos. Aquello era digno de admirar, mujeres con tanta fuerza.

Yuca en la cabeza

Todas las mujeres se desnudaron para bañarse en el rio y quitarse la tierra del cuerpo antes de regresar a casa, yo me uní a ellas. Todas desnudas nos bañábamos y reíamos en rio. Fue también un momento muy mágico.

Al poco llegaron los hombres en la barca con los pescados que habían conseguido, nos recogieron y todos felices regresamos a casa con el alimento.

Pesacadores selva parque xingu

Las tareas del día a día en la selva se concentraban básicamente en el conseguir alimento, que no era poco. Ir a buscar la yuca, ir a pescar, ir a cazar, conseguir tortugas o los huevos de ellas, ir a buscar la famosa sal de indio, etc. Esas cosas eran las que entraban dentro de la cotidianidad, aunque había tenido la suerte de estar allí para esas fechas, en los próximos días se iba a realizar la ceremonia del Kwarupe, la ceremonia de los muertos. Toda la aldea Yawalapiti había sido invitada para asistir a la ceremonia en el pueblo de Kalapalo.

tartaruga tracajá

Todos los hombres de la aldea deben prepararse para la ceremonia de Kwarupe ya que deberán luchar con la étnia del otro pueblo. Para prepararse el día antes a la ceremonia se raspan el cuerpo. Tienen un instrumento con unos dientes de pescado, como si fueran dientes de piraña pero de otro pescado también de dientes bien afilados. Con ese instrumento se empiezan a raspar todo el cuerpo, piernas, brazos, espalda, pecho… Aquello hace un ruido bien especial, raaas, raaas, raaas… Al principio parece que no pasa nada, pero luego empieza a salir sangre por todo el cuerpo. Con ello aplican un remedio tradicional que purifica la sangre y ayuda a sangrar todavía más, con ello lo que pretenden en hacer una limpieza de sangre, sacar la sangre sucia del cuerpo y volverse más fuertes. Luego se amarran unas telas en los brazos y piernas para dormir, dicen que así el musculo se vuelve más fuerte. Algunos no consiguen dormir por la noche por el dolor, aunque mientras les raspan tienen cara de duros y todos intentan aguantar el dolor, aquellos dientes son bien afilados.

raspadura yawalapiti

Al día siguiente todos se pintan el cuerpo con la semilla de genipapo, para ellos las pinturas son como sus ropas de gala. En sus rostros pintan como las marcas de unas lagrimas negras. Los diseños son increíbles, son verdaderos artistas, y los cuerpo se ven hermosos con esas pinturas.

pinturas yawalapiti

De esta forma, a pesar de ir desnudos, van “vestidos” con su arte. Los hombres lo único que usan para cubrirse es un cinturón de bolitas, con un pequeño paño colgando en el frente para tapar las partes intimas, o en algunos casos el mismo cinturón se amarra delante con lo que ya se tapa el frente con la caída del nudo y lo que sobra del cinturón. Las mujeres usan las bragas de india que le llaman a una especia de cinturón hecho con una paja de la selva, y también con sus pinturas corporales.

Pintura kware

Ya estaban todos preparados para el gran dia.

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