Viajando con Cristina

Aldea Feliz

A dos horas de Bogota hacia el norte, llegue a la Aldea Feliz. Esta eco-aldea surgió de varias colombianos de las ciudades decididos a vivir desde la base de la permacultura. Usando la bio-construcción, huerto, educación comunitaria, viviendo en la naturaleza, etc.
Hasta ahora la eco-aldea mejor organizada que he visto. Ellos trabajan la sociocracia, con lo que tienen una gobernanza circular donde nadie manda mas que otros. Se forman en la comunicación no violenta para resolución de conflictos, donde cada vez que hay un problema en la comunidad se van a la maloca, una casa tradicional indígena, hacen un fuego, y resuelven los problemas. Así como el nombre lo dice, es una aldea feliz. En ella también hay una escuela donde hay un hermoso trabajo con los niños. con educación no convencional donde los niños de verdad pueden explotar sus cualidades, donde los niños son mas que una nota a fin de año, los niños son personas únicas, con cualidades únicas, capacidades únicas, con el aprendizaje fluido. No hay que obligarles a aprender algo, ellos tienen la curiosidad de descubrir el mundo solos, disfrutando de ello y aprendiendo cosas practicas para la vida.
En mi paso por la Aldea feliz, me ocupe mucho de los niños de la aldea, que eran maravillosos, de pintar murales en las paredes del lugar, ayudar en la bioconstruccion, en el compost, en la huerta, en la canalización del agua, en la cocina. El trabajo fue bien diverso y como ellos dicen, allá no eramos voluntarios, eramos aprendices. Como aprendices siempre eramos valorados y siempre teníamos el espacio para dar la opinión, no solo eso, a los aldeanos siempre les interesaba saber de nuestra opinión. Pase unos días maravillosos en la aldea, inolvidables.
Allá tuve la oportunidad de participar en otro temazcal, esta vez fue muy especial, no solo por participar en la ceremonia sino por formar parte de ella en todo el proceso. Ir a buscar las abuelas. las piedras, al río… secarlas. Ir a buscar la leña. Construir el temazcal para la ceremonia. Es todo un proceso. Hasta cada nudo que se hace para atar un palo con otro tiene una intención, tiene un motivo. Todo tiene su importancia. Fue algo mágico. La ceremonia tuvo 5 puertas, duro casi 2 horas, fue suave pero intensa, algunas de las puertas con mucho calor, pero siempre trabajando y sanando el cuerpo y el alma. Os recomiendo leer mas sobre las ceremonias temazcal y os animo a participar a una por lo menos una vez en la vida, y si podéis hacerla siempre que podáis. Después de la ceremonia nos bañamos en las frías aguas del río… Renacer.
No fue la única ceremonia que realice en ese mes. Ademas de las noches en la maloca, el Temazcal, también hicimos las mujeres una ceremonia para plantar la luna. En la aldea tenían un templo de la mujer con un árbol donde plantar la luna. Allá van las mujeres juntas o en solitario para reflexionar sobre como se cierra el ciclo, que paso durante el mes, que cosas fueron buenas, que fueron malas, que limpiamos, y que queremos fortalecer. Se hacen cánticos… y se ofrece nuestra sangre al árbol sagrado.
Antes de proseguir el viaje para el norte del país, llego mi gran amigo de la infancia, Julian. El es de padres colombianos pero nació y se crió en España. Fuimos juntos al mismo colegio y eramos como uña y carne. Tan unidos, en el colegio nos separaron de clase y mas tarde de colegio y estuvimos mas de 15 años separados hasta que las tecnologías nos unieron de nuevo. Como sabia que tenia familia colombiana le propuse unos meses atrás que viniera para Colombia a viajar un poco conmigo, sin pensarlo dos veces le gusto la idea y hizo todo para conseguirlo. Y, allí estaba, nos reencontramos de nuevo en Colombia, como si no hubiera pasado el tiempo, jugando, riendo y recordando viejos tiempos como si no hubiera llovido nunca.
Con otro voluntario de bogota bien jovencito decidimos emprender el viaje los tres juntos siguiendo el norte. Juanma, Julian y yo de aventuras por Colombia…

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