Viajando con Cristina

Adentrándome en Brasil

Desde que salí de Barcelona, siempre intento esquivar las ciudades y buscar lugares donde hay naturaleza, paz y libertad. Grandes casualidades de la vida, al otro lado de la montaña donde estaba la comunidad Hare Krishna estaba viviendo una muy buena amiga Brasileña que conocí en Mozambique. Ella vivía con su mama y sus hermanas en una finca en medio de las montañas, con un proyecto muy lindo. Con toda la alegría del mundo me vino a recoger y me llevó a conocer su casa en, ‘La Reserva de Sauá‘. Ya llevaban varios años reforestando el lugar, con un proyecto de producción de aceite de oliva. Estuve allí durante un par de semanas, con ellas y con sus 14 perros y más de 80 gatos.

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El pueblo más cercano el pueblo de Alagoa, era un pequeño pueblo en los adentros de la región de Minas Gerais. Un lugar muy autentico, con muchos coches de escarabajo, los hombres montando a caballo con sus sombreros, parecía volver hacia atrás en el tiempo.

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Al poco tiempo de llegar, supe de una festividad religiosa que se celebraría en ese pequeño pueblo. Las fiestas de nha Chica. En esa zona son bien religiosos y acudirían gente de toda la zona. No podía perderlo, en estas festividades es donde su suele ver la autenticidad de los lugares.

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Aproveché y preparé algunas de mis fotografías con unos marcos reciclados con hojas y flores secas y tintas naturales de urucúm. Me decidí a vender algunas de mis fotografías y mis materiales aprovechando el movimiento de gente. El día fue bien, hice algún dinero, pero lo más lindo fue compartir la tarde con unas niñas del pueblo, les estuve enseñando a tejer atrapa-sueños y mientras hablamos tuve más tiempo de conocerlas y ver sus inquietudes respecto a mi. Ellas no estaban acostumbradas a ver extranjeros así que me parecía muy gracioso como me preguntaban de que parte de Brasil era porque mi acento era diferente. Conscientes de que no era del pueblo pero no llegaban a imaginar que viniera de tan lejos. Luego yo aproveche por preguntarles que es lo que más les gustaba de vivir allí, y su respuesta tan simple como importante para la vida de cualquier niño. Me respondieron: Poder jugar en la calle. Eso es impagable. Es algo que puede parecer insignificante, pero es algo que los niños de la ciudad no pueden tener, algo que ella valoraba y me hizo pensar mucho en si algún día tuviera hijos, no quisiera tenerlos en una ciudad, deben criarse en el campo, libres.

Cada día se aprende algo en la vida, no importa la edad, no importa la procedencia, siempre hay algo bueno que sacar a cada persona con la que nos cruzamos. Y yo esa tarde aprendí una grande lección con aquella niña.

Procesión

En la celebración de ese fin de semana se daba honra a Nha Chica, hija de esclavos, fue conocida como la madre de los pobres, dio su vida a la caridad, y en esa región era muy adorada… Fue algo único asistir a una celebración así. Asistí a las subastas de ganado, concurso de un juego de cartas tradicional del lugar, y por la noche la procesión de la virgen, con todos con las velas caminando por todo el pueblo… Y después de la misa, una gran hoguera y fuegos artificiales. Fue algo mágico.

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El consejo que puedo dar para los viajeros, siempre preguntar si hay festividades locales, es algo hermoso poder asistir a una fiesta local, es la cultura a piel viva. Son momentos únicos. No olviden siempre en preguntar!

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